Corina Rodríguez López

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Educadora, humanista, filósofa y política. Ingresa a la Galería de la Mujer (Edición 2007) por su trayectoria de vida, por sus grandes luchas en favor del derecho al sufragio femenino y por el reconocimiento de la participación de las mujeres en el desarrollo nacional. Luchó por la creación y defensa de las Garantías Sociales.

Corina Rodríguez López nació el 25 de diciembre de 1895 en San Ramón, Alajuela, hija de don Joaquín Rodríguez Rodríguez y doña Juana López Castro. Cursó sus estudios primarios en la Escuela Central de Niñas en San Ramón y la educación secundaria en el Colegio Superior de Señoritas.

Obtuvo su título de maestra normalista en la Escuela Normal de Heredia, dirigida entonces por el maestro Omar Dengo, de quien recibe enseñanzas e inspiración en lo que será a lo largo de su vida la búsqueda de la justicia social y su lucha inclaudicable a favor de los derechos de las mujeres.

En la Liga Feminista y al lado de Ángela Acuña, Ana Rosa Chacón, Esther de Mezerville y Carmen Lyra, combatió la discriminación de las mujeres e hizo suya la lucha por el derecho al sufragio femenino. Participó en la organización del mayor desfile de protesta el 15 de mayo de 1943, cuando el Parlamento pretendió reformar la Ley Electoral a fin de dar al Congreso la facultad de hacer el escrutinio y determinar la suerte del sufragio, separando a las Juntas Electorales de sus funciones.

Le fue otorgada una beca, que le permitió realizar estudios en inglés, psicología y educación en la North Western University Chicago en Estados Unidos.

Fue profesora en la Escuela de Aplicación de Heredia y en la Escuela Central de Limón. También fue profesora de Sociología en la Escuela Normal, en el Liceo de Costa Rica, en el Instituto Bíblico y en el Colegio Superior de Señoritas, donde llegó a ser Directora.

En la Administración de don Ricardo Jiménez Oreamuno creó "La casa del Niño" y fue una de las fundadoras de la Liga Antialcohólica y de las Colonias Escolares Veraniegas.

Después de la revolución del 48 fue encarcelada y de ahí salió al exilio a la República de Panamá, donde trabajó como profesora. De regreso al país, se dedicó nuevamente y con el mismo ímpetu a la docencia. Es una de las mujeres pioneras en las luchas feministas del país.

La Comisión Interamericana de la Mujer, en ocasión de celebrar su cincuentenario, le dedicó en su Libro de Oro una página, como reconocimiento a la contribución significativa que hizo como pionera por el desarrollo de las instituciones de nuestro país.

Doña Corina es considerada una de las mejores oradoras de todos los tiempos. De ella dice la autora Marta Castegnaro:

"Escribió cuentos, colaboró en periódicos y revistas y fue Directora General de la Oficina Interamericana que editaba la revista La Unidad. Ha sido la mejor oradora que ha tenido Costa Rica".

En el año 1928 escribió su libro de poemas en prosa, De la entraña, el cual fue prologado por su compañera de luchas Carmen Lyra. También escribió crítica literaria y ensayos políticos. Colaboró en diversos periódicos, entre ellos, el Repertorio Americano.

Fue nombrada en la tercera administración de don José Figueres Ferrer, directora de la Junta Directiva del Instituto Nacional de Vivienda y Urbanismo, cargo desde el que desarrolló una amplia labor social. En Alajuelita hay una comunidad que lleva su nombre: "Ciudadela Corina Rodríguez."

De ella se expresó así don José María Figueres Ferrer

"En extraordinario silencio, a los 87 años de edad, enfermó, murió y fue sepultada en San Ramón, una extraordinaria mujer: la profesora doña Corina Rodríguez López… En la memoria de quienes tuvimos la suerte de convivir con ella tantas décadas en el mismo mundo, y la pena de ser combatidos por ella, queriéndola, será siempre la que siempre fue: una gran disconforme, una gran disidente, una gran reformadora. De ti, Corina, aprendí a respetar a los disconformes. A los amigos de la utopía, a los que pasan todas las penas de la vida por aspirar a un mundo mejor" (José Figueres Ferrer. La Prensa Libre. 17 de noviembre 1982).

Doña Corina fue una mujer que destacó por sus luchas y por su pasión en todas las tareas que emprendió. Dejó un importante legado, herencia que hoy en día se traduce en mejores condiciones de vida y un mayor disfrute de los derechos humanos de las mujeres. Por ello es considerada como una abanderada en las luchas sociales a favor de su pueblo y una insigne feminista sufragista. Gustaba parafrasear a Amado Nervo diciendo:

 "Cuando llegue mi día final diré: nada me debes vida, nada te debo."

 


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