Mensaje del Comité Nacional de las Mujeres cooperativistas

El Día de las Mujeres Cooperativistas, que se llevará a cabo el 25 de abril 2019, en el Edificio Cooperativo con el tema "Seamos parte de este proyecto: Tejiendo nuestro futuro, las Mujeres trabajando en Red", es una oportunidad para reflexionar sobre el significado del cooperativismo para las mujeres, como un medio, entre otros, para su empoderamiento económico y empresarial en condiciones de equidad con respecto al hombre, propugnando una cultura de cooperación entre las integrantes y de cooperación entre cooperativas que permita forjar provechosas redes de apoyo.

El impulso del cooperativismo de mujeres como plataforma de lucha por la equidad y la supervivencia, así como de redes solidarias de cooperativas entre las mujeres, está inspirado en la naturaleza originaria de estas empresas como una alternativa a las dificultades suscitadas en una sociedad forjada en fondo y forma para las empresas privadas más grandes y en que, desde su aparición formal en Rochdale, Inglaterra, a través de los fundadores de la Rochdale Equitable Pioneers Society, en el siglo XIX, las cooperativas son empresas conformadas para el desarrollo de una actividad económica con propósito social, que se expresa en la distribución justa y proporcionada de los excedentes entre su membrecía  y en la existencia de valores y principios que la distinguen del concepto de empresas de capital.

Podríamos decir que el cooperativismo fue una respuesta inmediata a la necesidad de las pequeñas empresas y las personas respecto a la desventaja y las amenazas de un medio empresarial muy adverso, como todavía hoy continúa siéndolo. De ahí la necesidad de perfilar una forma de organización empresarial que permita crear un entorno inmediato más provechoso. Aspectos que caracterizan el modelo cooperativista como la distribución justa y proporcional del ingreso, el trabajo cooperativo solidario, la autogestión, la propiedad cooperativa sobre los medios de producción, entre otros, por lo general van orientados a mejorar la calidad de vida de las personas asociadas, así como su nivel educativo y su capacidad de incidir en el beneficio del entorno social.

El entorno empresarial del mercado de capital tradicional está orientado jurídica y administrativamente a satisfacer los requerimientos de las grandes empresas, que son al final quienes controlan el mercado y ejercen una fuerte influencia sobre las políticas públicas, precios, administración pública, banca, etc. Las cooperativas cubren el vacío que no cubre el sector privado, particularmente aporta a las mujeres un instrumento de supervivencia en un medio de competencia en el cual la iniciativa individual privada microempresarial se topa con obstáculos insalvables.

Las cooperativas de mujeres se han convertido en el punto de encuentro de espíritus empresariales en desventaja, donde los talentos coadyuvan a que los procesos de autogestión alcancen la coordinación necesaria e incluso mejor que en muchas de las otras formas de empresa. A su interior, la cooperativa es un ámbito con valores democráticos que promueven la participación en los procesos productivos y la administración, que impulsa la educación de sus integrantes, que capacita para el mejoramiento personal y empresarial y que forma conciencia hacia la integración progresiva de la empresa con su medio comunal.

La idea esencial del cooperativismo con las mujeres no es el lucro, sino buscar soluciones a necesidades apremiantes del grupo y de sus integrantes, a través de una relación amigable no solo al interior de la organización, sino también en los procesos de intercambio y comercialización, priorizando el ganar-ganar para todas en la cooperativa, en la comunidad, la región y el país.

Es así como el empoderamiento económico y empresarial de las mujeres a través del modelo cooperativista se exhibe como una forma humanizada de organización empresarial, más permeada de las tendencias socioculturales del nuevo siglo hacia el mejor vivir que la vetusta concepción empresarial predominante.