Las otras víctimas del femicidio y de la violencia machista

13 de marzo de 2019, San José – Ningún niño, niña o joven debería verse enfrentado a una situación en la cual se sienta obligado a usar la violencia como último recurso para defender y proteger la vida de una madre. Ya el daño es grande cuando las personas menores de edad son testigas y crecen observando la violencia ejercida contra la madre, para además tener que actuar por la desesperación de ver ante sus ojos cómo se le quita la vida.

Lamentablemente, tenemos historias de hijos, hijas u otros familiares que mueren o son heridos tratando de proteger a sus madres de la violencia machista. Otros, que logrando escapar ellos mismos de la muerte, terminan reaccionando frente al femicidio.

Las vidas de estas personas estarán doblemente afectadas: por la violencia sistemática que vivieron en sus hogares y por las dificultades que eventualmente tendrán de vivir una vida, con afectación para ellas y para toda la sociedad.

Es mucho lo que podríamos analizar: que nos falta ser más eficaces y oportunos para detectar las situaciones de mayor riesgo potencial; que los recursos del Estado son pocos para proteger a las personas en contextos cada vez más complejos… Pero hoy queremos llamar la atención sobre lo siguiente: la naturalización de la violencia como salida frente a los conflictos está asentándose peligrosamente en el imaginario social costarricense.   

La violencia como espectáculo recreado diariamente en las diversas plataformas de comunicación social puede estar teniendo un impacto mayor del que creemos en las mentes de las y los ciudadanos, y con más razón en las mentes jóvenes.

En este punto queremos ser enfáticas: la violencia genera violencia. La alternativa frente a la violencia machista no puede ser nunca más violencia… contra femicidas, agresores sexuales o de cualquier otro tipo. 

La sociedad cuenta con los mecanismos para traer a estas personas frente a la justicia y hacerlas responsables de sus actos.  Incluso cuando esta justicia no es lo oportuna, rápida y efectiva que deseáramos.

La alternativa no es (como ha sucedido en otros contextos) la justicia vengativa, en la que cualquiera se siente con el derecho de juzgar y ejecutar condenas. Ello solo conduce al caos, a incrementar los niveles de violencia social y a promover baños de sangre.

Desde el INAMU hemos hecho un llamado a la sociedad y a las comunidades a no ser indiferentes y a no tolerar la violencia machista contra mujeres, niños y niñas. Y lo reiteramos hoy con fuerza. Pero este es un llamado a creer en las mujeres y a las niñas y niños que rompen el silencio y a acompañarles en sus procesos para salir de la violencia. Es un llamado a proteger y denunciar, a transformar la cultura transformándonos cada uno y cada una en nuestra vida cotidiana para no tolerar el acoso en las calles y trabajos, a no reír ni reproducir chistes machistas, a promover nuevas masculinidades… a educar a nuestros hijos e hijas en la filosofía del respeto por los derechos humanos y de la convivencia pacífica.

Por eso insistimos que la violencia machista es uno de los principales problemas de salud pública, de seguridad comunitaria y de desarrollo que tiene el país. Su impacto no se limita a las mujeres y familias afectadas. 

Es urgente que todas las instituciones y sus jerarcas y que todas y todos los ciudadanos le demos la prioridad que debe tener en la acción pública y privada.