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Construcción de identidades y proyectos de vida autónomos: Una apuesta desde la niñez y la adolescencia PDF Imprimir

Construcción de Identidades para la igualdad y la equidad de género

La identidad es un proceso que se inicia incluso antes del nacimiento de la persona y se prolonga durante toda su vida, tiene que ver básicamente con la pregunta ¿Quién soy?. Es la imagen que las personas logran construir de sí mismas, la forma como se ven, su autoimagen y la manera en que interactúan en sociedad a partir de esta percepción.

Integra una serie de características, algunas de ellas socioculturales como la nacionalidad, la clase socioeconómica, la religión, y otras asociadas a rasgos personales como la edad, el género y el color de piel. Así la construcción de identidades pasa por la existencia de varias dimensiones, como las mencionadas anteriormente.

La construcción de la identidad no es un proceso estático, sino, que es de cambio y movimiento continuo. A lo largo de la vida, la identidad de las personas puede cambiar, por ello debe verse como un proceso dinámico en permanente construcción, por lo cual, la pregunta identitaria correcta sería ¿Quién voy siendo?.

La identidad está determinada, en gran parte, por el contexto sociocultural e histórico en que se desenvuelven las personas. Este contexto impone ciertos patrones, normas y valores, así como rasgos de identidad que se interiorizan y permiten la reproducción del sistema social.

La conformación de las identidades va muy ligada al género asignado a las personas. Entendemos por género el conjunto de características sociales y culturales que define los roles, las normas y los valores que se asignan a las mujeres y a los hombres.

De esta forma, identidad de género es el aprendizaje de ese conjunto de características. Esta identidad es aprendida y reforzada en la sociedad patriarcal, donde se aprenden normas con respecto a lo obligado, lo permitido y lo prohibido para mujeres y hombres; que se transmiten por medio de las instituciones sociales, principalmente la familia, la religión, la educación y los medios de comunicación.

La identidad de género cobra sentido en la medida en que los hombres y mujeres interiorizan atributos, formas de ser y actuar, acordes a lo socialmente definido como masculino y femenino. Es decir, se asumen conductas diferentes, de acuerdo a si se es hombre o mujer.

Sin embargo, sucede que los valores asignados a lo femenino tienen menor valor que los asignados a lo masculino, lo que trae como consecuencia una fuerte discriminación y desvalorización en contra de las mujeres, modelo basado en un sistema de dominación masculina que legitima y reproduce la opresión de las mujeres.

A muy temprana edad, las personas conforman su identidad sexual, es decir, identifican claramente si son niñas o niños. A partir de este momento, también van aprendiendo patrones, incorporan mandatos y van moldeando sus comportamientos, actitudes y formas de expresarse, incluyendo también la percepción del valor de cada género. De esta manera, encontramos niños que a edad preescolar ya identifican su sexo como un rasgo positivo y de ventaja con respecto a las niñas, que por su parte ya identifican algunas limitaciones y prohibiciones como: no subirse a los árboles, sentarse bien, cuidar la apariencia, entre otros. Todo esto se ve fuertemente reforzado también por la imitación que hacen de las personas alrededor como la mamá, el papá, hermanas/os, primas/os, vecinas/os, abuelas/os.

Luego, estas niñas empiezan a experimentar cambios más fuertes y rápidos al entrar en la pubertad. Con un mayor desarrollo emocional, intelectual, físico y social, las adolescentes viven un importante momento de replanteamiento de su identidad, el cual va a verse alimentado, potenciado, limitado o disminuido de acuerdo al contexto social en que se desarrollen.

La adolescencia y la juventud son construcciones socioculturales de las sociedades modernas. A pesar de que generalmente se ven como “edades entre”, es decir, como puentes entre la niñez y la adultez, son etapas con características particulares y con experiencias que dependen de las condiciones socioculturales en que las personas se desarrollan, por eso no podemos hablar de una adolescencia y juventud, sino, de adolescencias y juventudes.

Estas etapas de la vida se consideran muy importantes en el desarrollo de las personas, porque es el momento donde se alcanza una madurez sexual y se puede reelaborar la identidad: surgen nuevas y más complejas interrogantes sobre cómo son los hombres, cómo son las mujeres, sobre la sexualidad, el sentido de la vida, el proyecto de vida, el cuerpo, la autoimagen, cómo atraer a otra persona, cualidades, defectos, qué piensa la gente alrededor de mi, si los cambios y sensaciones experimentan son normales, cómo ser frente a las amistades y la familia, a qué dedicarse en el futuro, entre otras.

Internamente se vive un momento de constantes preguntas y respuestas: ¿me pasa solo a mi?, ¿pregunto o no... cómo?, por lo que es importante que las adolescentes identifiquen y se acerquen a personas de confianza que escuchen y respeten lo que sienten y piensan. Es por este motivo que generalmente encuentran a las amigas y amigos como figuras protagonistas de este acompañamiento: viven experiencias e inquietudes similares, son cómplices, pueden conversar y compartir intereses, experimentan la atracción y el afecto, reafirman sus cualidades y conocen sus defectos.

Sin embargo, también la familia, los centros educativos y la comunidad son protagonistas en el desarrollo de una sexualidad integral en las niñas y adolescentes, lo cual significa acompañar desde los cambios físicos hasta los cambios de humor, emocionales, las formas de pensar y sentir, acompañar la búsqueda de información veraz y oportuna para la toma de decisiones en las distintas áreas de la vida: familia, amistades, estudio, proyecto de vida, deportes, pasatiempos, habilidades, pareja, etc.

Proyectos de vida: consolidación de una vida libre de discriminaciones

Los proyectos de vida de mujeres y hombres, son procesos en construcción permanente, cambiantes y dinámicos, que toman como punto de partida la identidad que han construido las personas. Las expectativas, realidades, sueños y conocimientos con que se construyen los proyectos de vida, dependerán mucho de los contextos socioculturales en que se desarrollen las personas, incluida la identidad de género asignada tanto a mujeres como a hombres.

La construcción de identidades y proyectos de vida deben permitir a todas las personas tomar decisiones libres e informadas y crear condiciones materiales de vida, que posibiliten el desarrollo máximo de sus capacidades y potencialidades. Deben partir de una valoración igualitaria de los sexos, que reconozca las potencialidades que cada persona tiene, sin discriminación alguna.

Los proyectos de vida de las mujeres adolescentes y jóvenes tienen pocas posibilidades de desarrollarse de manera autónoma, por su condición de género. La vida de las mujeres gira en torno a tres ejes: maternidad, atención de su pareja y cuido del hogar, hijas e hijos, mientras que actividades como estudiar o trabajar se consideran complementarias o adicionales.

Por su parte, los hombres adolescentes o jóvenes tienen mayor grado de autonomía para decidir, debido a su socialización.

Para que tanto hombres como mujeres puedan construir proyectos de vida, es necesario que las personas adultas acompañen los procesos de búsqueda de independencia y autonomía de las niñas, niños y personas adolescentes y jóvenes. Este acompañamiento debe darse en un marco de relaciones de respeto, apoyo y colaboración, en lugar de autoridad y control, para promover procesos de cambio en la construcción de una sociedad justa y equitativa, donde las desigualdades no definan las relaciones entre las personas.

La adolescencia y juventud son períodos ideales para el cuestionamiento y reconstrucción de lo que se ha aprendido, y para plantearse cómo deben ser aprovechados para replantear la identidad de género y crear condiciones que posibiliten relaciones más equitativas entre las personas jóvenes.

Brechas de género en niñas y adolescentes

EDUCACIÓN

En el año 2004,  la matrícula escolar estuvo compuesta de forma similar por hombres y mujeres, se presentaron algunas diferencias según el tipo de institución (pública, privada o semioficial). Según datos de MIDEPLAN(1995) hasta 1990 la matrícula de hombres en centros urbanos y rurales fue superior, y después de esa fecha la matrícula femenina aumentó de forma sostenida, mientras que la masculina decreció levemente. (http://inamu.go.cr/Indicadores)

Según el Estado de la Nación 2004, para ese año las mujeres superaron  levemente a los hombres en matrícula secundaria. Asimismo, las mujeres presentaron un leve rezago en preescolar, primaria y escuelas nocturnas(http://inamu.go.cr/Indicadores)

Con respecto a la deserción escolar en primaria y secundaria, en los últimos años los datos han favorecido a las mujeres. Para el año 2003, desertaron de primaria el 4.3% de los hombres y el 3.7% de las mujeres y en secundaria, la cifra y brecha entre hombres y mujeres se elevó: 12.1% hombres frente a 8.8% de las mujeres. En sétimo año la deserción masculina fue de 19.9% y la femenina de un 15.1% (http://inamu.go.cr/Indicadores)

Porcentaje deserción escolar, según sexo y ciclo académico, según año. 

Años

 

I y II Ciclo

 

III y IV Ciclo académico

 

III y IV Ciclo técnico

Hombres

Mujeres

Diferencia

Hombres

Mujeres

Diferencia

Hombres

Mujeres

Diferencia

2000

4.3%

3,9%

0.4%

11.3%

9.0%

2.3%

11.8%

9.2%

2.6%

2001

4.8%

4.2%

0.6%

12.7%

9.9%

2.8%

13.0%

10.0%

3.0%

2002

4.2%

3.6%

0.6%

12.0%

9.1%

2.9%

13.1%

10.8%

2.3%

2003

4.2%

3.7%

0.5%

10.5%

7.7%

2.8%

12.1%

9.3%

2.8%

2004

3,6%

3,1%

0.5%

11.5%

8.6%

2.9%

12.9%

9.6%

3.3%

Fuente: Elaboración propia. Estado de la Nación. Informe 11. 2005


En relación a la participación de mujeres en matrícula de tercer ciclo y educación diversificada en colegios técnicos diurnos, tenemos un aumento a partir del año 2002. Para el año 2004 el 50% de personas matriculadas en colegios técnico profesionales  eran mujeres.

Asimismo tenemos que en las instituciones universitarias por cada 12 mujeres matriculadas ingresaron 10 hombres (2001) y  en el año 2004 el 60% de las personas graduadas eran mujeres. Pese a estos avances, siguen existiendo disparidades por género, ya que los hombres cursan mayoritariamente acciones formativas y carreras técnicas y científicas, mientras que las mujeres se matriculan más en carreras tradicionalmente femeninas, las cuales son calificadas, en el ámbito laboral como de segunda categoría y de menor reconocimiento social.

El panorama anterior parece muy positivo para las mujeres, sin embargo las brechas de género en esta área no necesariamente se ubican en el campo cuantitativo, sino más bien en el cualitativo. Es así como el análisis tiene que partir no de la matrícula o permanencia de las mujeres en el ámbito académico, asunto ya superado en nuestro país, sino en la calidad de la educación, o en los contenidos que se imparten, y que tiene relación con el curriculum oculto o la pedagogía invisible de género, por medio del cual se trasmiten mensajes que reproducen, legitiman y promueven las relaciones desiguales entre hombres y mujeres.

A este punto es importante el reconocimiento de la existencia del impacto de este curriculum implícito, es decir evidenciar que en la vida cotidiana dentro de los espacios educativos se construye una dinámica de relacionamiento que va más allá de la transmisión de contenidos académicos. El currículo, los textos, el lenguaje que se emplea, la estructura organizativa existente en el centro educativo, se convierten en mecanismos por medio de los cuales se configuran y reproducen de manera no explícita estereotipos sexistas, creencias sobre capacidades y posibilidades atribuidas a cada sexo, relaciones de poder de dominio, así como actitudes y comportamientos discriminatorios.

Lo anterior, coadyuva en la conformación de identidades masculinas y femeninas apegadas a lo socialmente construido para cada sexo, limitando así las posibilidades para las mujeres de desarrollo y crecimiento, en este caso en el ámbito académico, técnico y profesional, en otras áreas dentro del abanico de opciones que se han fortalecido y surgido con la modernidad, como por ejemplo las nuevas tecnologías.

Ha quedado demostrado que para las mujeres el hecho de contar con mayor educación y calificación profesional no se ha traducido ni mayor acceso al campo laboral ni en mejores condiciones en ese ámbito. De ahí que ubicar las brechas existentes entre hombres y mujeres en materia educativa es una tarea clave para el mejoramiento de las oportunidades y condiciones profesionales en áreas tradicionales y no tradicionales, para el acceso a mejores condiciones laborales y sociales; así como para el fortalecimiento en sus condiciones de vida en igualdad y equidad social y de género (Alforja, 2004).

Tal como se expone en documento "Ciudadanas haciendo cuentas" (Alforja, 2004). "El derecho a la educación por parte de las niñas y adolescentes  parte de una visión integral que debe relacionarse con el derecho a educación preescolar y Educación general Básica Gratuita, educación de calidad, derecho a educación no sexista que fomente el respeto por los derechos humanos y la diversidad, educación técnica no sexista y educación sexual. Es necesario vincular ese derecho con la carencia, ausencia o negación de derechos en otros ámbitos como la población de niñas y adolescentas que realizan trabajo doméstico u otros, explotación sexual comercial, la alta fecundidad en adolescentas. Y la existencia de la violencia sexual en todas sus manifestaciones, así como la flagrante violación de derechos de las niñas sometidas a embarazos y a una maternidad forzada cuando su condición fundamental es ser niñas".

TRABAJO INFANTIL Y ADOLESCENTE

La pobreza, como fenómeno estructural genera el progresivo deterioro de las condiciones de vida de grupos poblacionales en nuestro país, quienes enfrentan fuertes limitaciones para su subsistencia, teniendo que recurrir a estrategias que comprometen el ejercicio de sus derechos, y por lo tanto de su calidad de vida., principalmente de las personas más vulnerables: niños, niñas y adolescentes.

El trabajo infantil y adolescente se convierte en una posibilidad inmediata para incrementar el escaso ingreso familiar, lo que genera una violación grave de derechos de las personas menores de edad al limitar su acceso a la educación, recreación, salud, además de los perjuicios que las condiciones de trabajo produce en estas personas: explotación laboral, trabajos peligrosos, acoso laboral y sexual y otros que atentan contra su seguridad.

En nuestro país, el 11.4% de la población económicamente activa corresponde a personas ubicadas entre los 5 y 17 años, correspondiendo un 15.8% a hombres y 6.7% a las mujeres, según los datos que se presentan a continuación:

Edad

Total

Hombres

Mujeres

5-17 años

11.4%

15.8%

6.7%

5-9 años

3.2%

4.1%

2.2%

10-14 años

8.6%

12.8%

4.2%

15-17 años

28.1%

38.7%

17.2%

5-14 años

6.0%

8.5%

3.2%


  Fuente: Ministerio de Educación Pública. Departamento Estadística 2003.Citado en Página Web INAMU

 

Estos datos podrían presentar un panorama sesgado por cuanto, el trabajo en personas menores de 15 años es prohibido y para las menores de 18 años se encuentra regulado, por lo que la información no se reporte, ya que podría evidenciar situaciones de ilegalidad. Además, podríamos encontrar un sesgo en los porcentajes de niñas y adolescentes que trabajan, ya que  debido a la división sexual del trabajo, posiblemente se encuentren realizando labores domésticas, que no son reconocidas, ni reportadas como trabajo, sino como una extensión de sus deberes como mujeres, desde el mandato social, “La homologación “mujer-actividad doméstica”, es lo que posibilita que ese trabajo se torne invisible, al quedar inscrito con un sello de identidad dentro del imaginario social y de la subjetividad de las propias mujeres. En definitiva, las tareas familiares y domésticas, depositadas en la categoría “mujeres” siguen teniendo un peso sustancial en su construcción como sujeto social”.OIT 2003, pág 32

El trabajo doméstico está directamente relacionado con la pobreza y los factores demográficos que obligan a las familias de las zonas rurales y marginales a migrar o enviar a sus hijos, principalmente a las niñas, a otras regiones, en busca de mejores opciones económicas y educativas.

Esta situación se evidencia, en los datos presentados a continuación, que hacen referencia a las ramas de actividad reportadas para personas menores de 18 años, según sexo:

Población ocupada de 5- 17 años (2002)

Rama de actividad

Total

Hombres

Mujeres

Agricultura

33.5%

48.0%

34.4%

Comercio

23.4%

21.4%

22.6%

Industria Manufacturera

10.4%

9.7%

7.4%

Construcción

8.6%

9.6%

0.0%

Servicios Domésticos

8.3%

0.8%

19.6%

Hoteles y Restaurantes

4.7%

7.9%

10.7%

Otras ramas

11.1%

9.1%

5.3%


Fuente: Estadísticas INEC. Módulo de Trabajo Infantil Doméstico. OIT. 2002


Estos datos indican que un 19.6% de las niñas y adolescentes laboran en servicios domésticos y sólo un 0,8% de los hombres, por otra parte es importante destacar la significativa diferencia entre hombres y mujeres en el caso de la construcción, así tenemos un 0,0% de las mujeres y 9,6% de los hombres. Lo anterior, ejemplifica las asignaciones de labores a hombres y mujeres por su condición de género. Asimismo, plantea una preocupación en términos de las pocas posibilidades de desarrollo de las niñas y adolescentes, que siguen reproduciendo los roles asignados tradicionalmente, los cuáles restringen sus oportunidades para el acceso a espacios de educación y formación alternativos.

Esta situación se evidencia en el significativo número de niñas y adolescentes que trabajan en servicios domésticos, tal como se presenta en el siguiente cuadro:

Personas menores de edad que trabajan en servicios domésticos 1998

Edad

Urbano

Rural

Total

 

Hombres

Mujeres

Hombres

Mujeres

 

5-14 años

393

694

547

2506

4140

15-17 años

0

2077

652

5629

8358

Total

393

2771

1199

8135

12498

Fuente: El trabajo infantil y adolescente doméstico en Costa Rica. OIT/IPEC. 2003

 

Según estos datos tenemos que del total de personas menores de edad laborando en oficios domésticos (12498), el 87.26% (10906) corresponde a niñas y adolescentes mujeres y el 12.74% (1592) a niños y adolescentes hombres.

En el año 1998, la PEA de la población menor de 17 años era de 147,087 personas en total, de las cuales 42,673 son niñas y adolescentes mujeres, mientras que 104,414 son niños y adolescentes hombres. El trabajo infantil doméstico y adolescente representa el 8.5% de a población menor de edad económicamente activa, si se analiza por sexo, se encuentra que para el total de la población de niñas y adolescentes mujeres menores de edad, el  trabajo doméstico representa el 25.6% del total de la PEA, convirtiéndose así en términos nacionales en una significativa fuente de empleo para este grupo de población.

Sin embargo el trabajo doméstico no siempre es remunerado, en algunas ocasiones este tipo de labores se visualizan como un apoyo a las tareas del hogar.  En el caso particular de los niños y las niñas se invisibiliza su aporte, por motivo de considerar las tareas domésticas como parte de su formación o bien porque es ilegal el trabajo de las personas menores de 15 años, seguramente es por esta razón que se registra un sustantivo aumento en la remuneración económica después de esta edad, tal como se señala en el siguiente cuadro.

 

Población ocupada que realiza oficios domésticos, por grupo de edad, según remuneración e ingreso promedio 1998

Edades

Total

No remunerado

Remunerado

5-14 años

3353

1015

2338

15-17 años

5930

185

5745

Totales

9283

1200

8083


Fuente: El trabajo infantil y adolescente doméstico en Costa Rica. OIT/IPEC. 2003

EXPLOTACIÓN SEXUAL INFANTIL

La explotación sexual infantil es una grave violación de los derechos de las personas menores de edad e incluso se le ha considerado como una forma de exclavitud moderna. Este tipo de violencia se ejerce de forma clandestina, y a través de redes muy organizadas, por lo que es difícil tener claro la cantidad de niñas, niños y  adolescentes en explotación sexual. Además no se cuenta en este país con sistemas de registro de información idóneos que presenten una visión real de la situación.

En 1997 se denunciaron en el Ministerio de Justicia 63 casos de explotación infantil, y según el Estado de Derechos Niñez y Adolescencia 2001, para el año de 1999 se atendió en el   PANI 115 casos de personas menores de edad en  explotación sexual.

Según datos de la Investigación “Explotación sexual de personas menores de edad”, realizada por Cecilia Claramunt (2002) la explotación sexual es una forma de violencia que afecta a niñas y niños, y la mayoría de las víctimas son las y los adolescentes entre 12 y 18 años

Además señala que la mayoría de las víctimas son mujeres adolescentes entre 12 y 18 años y la mayoría de los explotadores son costarricenses, aunque también existe un importante número de hombres extranjeros.

Estos datos se derivan de una investigación cualitativa realizada con una población de 121 niñas, niños y  adolescentes en explotación sexual. Del total de esta población (121) 103 son mujeres (85.1%) y 18 son hombres (14.9%), los cuales evidencian que este tipo de violencia sexual, por su condición de género, se ejerce fundamentalmente contra niñas y mujeres adolescentes. Sin embargo, es importante señalar, que puede existir un subregistro en los datos de niños y adolescentes en explotación sexual, porque estas situaciones “evidenciarían” prácticas homosexuales, las cuáles son estigmatizadas en nuestra sociedad.

Con respecto a las edades de las personas participantes en el estudio, estas se encontraron entre los 14 y 16 años. Un dato que se desprende de la investigación es que cerca de la mitad de niñas (51 niñas) empezó a experimentar situaciones de explotación sexual en o antes de los 12 años, y en el caso de los niños alrededor del 70% (12 niños).

Por otro lado, una de las características de las niñas y niños en el estudio es la deserción escolar, a pesar de que el 92.4% tenía entre 13 años o más, el 63% había abandonado sus estudios antes de finalizar la educación primaria; y de la población mayor de 14 años, el 17% ingresó a realizar estudios secundarios, sin embargo la mayoría desertó.  Esta situación nos evidencia una vez más, que las condiciones en que viven estas personas menores de edad representa una serie de violaciones de sus derechos humanos básicos, tal como el  acceso a educación, y que se encuentra estrechamente relacionado con las condiciones de vida de sus familias, que según el estudio, presentan situaciones de privación de condiciones materiales.

En la búsqueda de explicaciones de la existencia de la explotación sexual podemos hacer referencia a una multitud de factores dentro de un sistema social patriarcal que legitima este tipo de prácticas violatorias de los derechos de las personas más vulnerables, en este caso las niñas, niños y adolescentes. Dentro de este sistema opera un entramado “de creencias que validan, justifican y perpetúan el poder masculino, así como la satisfacción de sus necesidades e intereses.  Es así, como la vida de las mujeres pasa a considerarse una  propiedad masculina, de manera que son expropiadas de sus cuerpos y sometidas al control de su sexualidad. Desde esta lógica patriarcal la explotación sexual de niños y niñas no es condenada, muy al contrario la cosificación es legitimada, ya que los cuerpos de niñas, así como su sexualidad se encuentran dentro de los “dominios” del hombre” (Claramunt, 2002, pág.29). Situación que se evidencia en el estudio en cuestión, que señala que muchas veces las figuras masculinas en las familias son las que cometen los primeros ataques violentos, o bien los nuevos varones que llegan a su vida afectiva. Además quienes ejercen la explotación comercial son hombres y costarricenses en su mayoría, según lo manifestaron las niñas y niños de la investigación, sin embargo también existen clientes extranjeros, según señaló la mitad de la población.

La condición de género, en el caso particular de las niñas y mujeres adolescentes, se constituye en un factor de explicación de la explotación sexual, que se suma a un entramado de factores, dentro de los cuales se encuentran también la injusticia económica, la migración de grupos minoritarios producto de la limitación de oportunidades, falta de apoyo estatal para las familias que enfrentan situaciones materiales y emocionales que impiden la contención y el desarrollo integral de los y las personas que las constituyen.

EMBARAZO EN LA NIÑEZ Y LA ADOLESCENCIA

En Costa Rica, aproximadamente un 9% de los nacimientos corresponde a mujeres menores de 18 años (hasta 17 inclusive), situación que resulta preocupante, no por el embarazo en sí mismo, sino por las condiciones en que éste se produce, especialmente la falta de información, el inadecuado manejo de la sexualidad infantil y adolescente en nuestras sociedades, la asignación exclusiva de la responsabilidad del embarazo en la mujer, la falta de apoyo familiar, la ausencia del padre, la no asistencia a servicios de salud y, en general, las limitadas oportunidades de las mujeres adolescentes para construir sus proyectos de vida de forma autónoma.

A continuación se presenta un cuadro con las estadísticas de nacimientos en mujeres menores de 18 años, en el período 2001-2005.

Nacimientos en mujeres menores de 18 años (hasta 17 años) 

 

Año

          Menores de 12 años

 

12-15 años

 

15-17 años

 

Total

Total nacimientos

% con respecto total nacimientos

2001

6

595

6652

7253

76401

9.49%

2002

5

468

6351

6824

71144

9.59%

2003

3

474

6317

6794

72938

9.31%

2004

1

437

6053

6491

72247

8.98%

2005

1

453

5868

6322

71548

8.83%

Fuente: INEC. Estadísticas de Población. 2005


Nacimientos en menores de 18 años (incluyendo las de 18 años) 

Año

Menos de 12-18 años

 Total de nacimientos

% con respecto al total de nacimientos

2001

11039

76401

14.44%

2002

10353

71144

14.55%

2003

10560

72938

14.47%

2004

10020

72247

14.61%

2005

10088

71548

14.09%

Fuente: INEC. Estadísticas de Población. 2005

 

Según los datos anteriores podemos visualizar un aumento en el porcentaje de nacimientos a los 18 años, elevando el porcentaje de un 9% aproximadamente a 14%. Esta situación puede evidenciar una relación directa entre la entrada formal al mundo adulto (18 años) y la concretización de proyectos de vida relacionados con la maternidad y/o emparejamiento, posiblemente asociado también a otros factores, como ausencia de oportunidades para continuar con otros proyectos de vida alternativos: estudios, capacitación para el trabajo, ausencia de información y consejería sobre salud reproductiva, o simplemente por la perpetuación de patrones de socialización tradicionales, en los que el mandato hacia las mujeres es enfocado en esos dos ámbitos. Asimismo, la entrada al mundo adulto elimina las barreras o controles que el mundo adulto ejerce sobre las personas menores de edad, permitiéndose a sí mismos/as mayor libertad y autonomía, principalmente en el campo de la sexualidad.

Otro aspecto que llama la atención en el cuadro anterior, se refiere a los datos de nacimientos en menores de 12 años, que evidencia situaciones de violación de las niñas; incluso se podría suponer que existe un subregistro en las estadísticas, por cuanto el embarazo o nacimiento estaría evidenciando la existencia del delito. Por esta situación estos embarazos y nacimientos posiblemente se oculten y no lleguen a los servicios de salud.

También se puede observar en los datos un número significativo de nacimientos en mujeres de 12-15 años (aprox. 500) que indican, por un lado que muchas de ellas posiblemente parieron a los 12 años, pero quedaron embarazadas a los 11 años (violaciones) y en el caso de las que quedaron embarazadas entre 12-15 años, estos nacimientos pueden evidenciar una posible relación de abuso, según lo establece el Código Penal en que se considera delito las relaciones sexuales con personas menores de 15 años, aún a pesar de su consentimiento.

Tomando en cuenta lo anterior, con relación al embarazo en mujeres adolescentes, es necesario resaltar algunos aspectos:

  1. No es lo mismo el embarazo en mujeres adolescentes (12-18 años) que en niñas (menores de 12 años), tanto por las consecuencias psicosociales y físicas que el embarazo o la maternidad produce en la madre, sino también desde el punto de vista legal o jurídico.
  2. En el caso de los embarazos en niñas menores de 12 años, evidencia una situación de violación, según lo establece el Código Penal, en su artículo 156 que reza “será sancionado con pena de prisión de diez a dieciséis años, quien se haga acceder  o tenga acceso carnal, por vía oral, anal o vaginal, con una persona de cualquier sexo, en los siguientes casos: 1.Cuando la víctima sea menor de 12 años”
  3. En el caso de los embarazos en adolescentes entre 12 y 15 años, puede evidenciar una situación de relaciones sexuales con personas menores de edad, que se constituye en un delito, según lo establece el Código Penal, en su artículo 159 que reza “ Quien, aprovechándose de la edad, se haga acceder o tenga acceso carnal, vía oral, anal o vaginal,, con una persona de cualquier sexo, mayor de doce años y menor de quince, aún con su consentimiento, será sancionado con pena de prisión de dos a seis años”

De esta forma, hay que tomar en cuenta que no se puede hablar del embarazo en niñas y adolescentes como un proceso homogéneo, sino que se debe tomar en cuenta la diversidad de condiciones y factores en que estos embarazos se producen y por supuesto, las consecuencias que para las niñas y adolescentes conllevan

En el caso del embarazo producto de abuso sexual, éste se origina en una relación de poder que lesiona los derechos de la niña, y el agresor muchas de las veces, es un hombre cercano y querido por la niña y/o adolescente: padre, tío, padrastro y otros. El embarazo evidencia entonces, situaciones de abuso que posiblemente sucedían desde tiempo atrás.

Es así como la diversidad de situaciones de los embarazos en niñas y adolescentes  están determinadas por los siguientes factores:

 

Edad: No es lo mismo un embarazo antes de los 15 años, que después de los 15 años, por cuanto el  desarrollo del cuerpo y la asunción de la maternidad varían de acuerdo a la edad. Además si es en menores de  15 años, el embarazo es producto de situaciones de abuso sexual.

Situación Socioeconómica: Las condiciones materiales determinan la forma de enfrentar el embarazo y la maternidad en la adolescencia. Un embarazo en condiciones de pobreza se torna mucho más complejo, por cuanto la adolescente no cuenta con condiciones para cuidarse en el embarazo (buena alimentación, vivienda adecuada), ni condiciones para ejercer la maternidad, el nuevo ser demanda más gastos, por lo que puede haber mucha presión familiar y pueden verse limitadas las posibilidades para que las adolescentes continúen con su proyecto de vida, más allá de la maternidad: estudios, trabajo, y otros.

Violencia: Muchos de los embarazos en las adolescentes son producto de situaciones de violencia sexual, las cuales suceden en el ámbito familiar, comunidad o ámbito escolar. Estas situaciones no siempre son denunciadas, por lo que las adolescentes siguen expuestas a nuevas situaciones de violencia.

Apoyo Familiar y Comunitario: Las adolescentes embarazadas o madres no siempre cuentan con apoyo y acompañamiento del grupo familiar. Por el contrario, se enfrentan a situaciones de rechazo o abandono. Igual sucede en las comunidades, en las que son estigmatizadas y rechazadas, lo que hace que se aislen y se encuentren en otras situaciones de alto riesgo.

Apoyo Institucional: El acceso a los servicios institucionales no siempre es oportuno y ágil, aún a pesar de que existen normativas institucionales para su atención. Por lo general, las adolescentes no son tratadas de la mejor forma, ya que en el personal de las instituciones persisten estereotipos y prejuicios hacia las adolescentes. Esta situación sucede principalmente en los servicios de salud, instancia a la que acuden a veces en primaria instancia por su condición de embarazo.

SALUD

Según el Informe Alternativo (2003) la información existente en ésta área sugiere que no existen diferencias significativas en las condiciones de salud de las niñas y niños. Situación que se verifica en el comportamiento de indicadores generales como mortalidad infantil, bajo peso al nacer, estado nutricional y otros en los cuales las condiciones son bastante paritarias por sexo.

Sin embargo si hay algunos datos que se pueden retomar, por ejemplo, el sobrepeso y obesidad afecta de manera particular a las mujeres. El grupo de 1 a 6 años es el que presenta menos diferencias por sexo, pero a partir de los 7 años, los datos demuestran como las mujeres constituyen la mayoría de los casos de sobrepeso y obesidad. En la zona rural se presentan mayores diferencias por sexo, para el año 2000, el porcentaje de niñas afectadas por la obesidad era el doble que lo correspondiente a niños (9.1% y 18.4% respectivamente).

Aseguramiento:

Para el año 1996 las personas menores de 19 años representan únicamente el 3.7% del total de asegurados directos, es decir que se benefician del seguro social porque pagan sus cuotas correspondientes. Del total de personas menores de edad que se registran como asegurados directos, el 71% eran hombres. Esta situación se mantiene en los años 2000, 2001 y 2002 y se debe principalmente a las desigualdades en la contribución a la Población Económicamente Activa.

La PEA masculina para los años 2000, 2001 y 2002 es prácticamente dos terceras partes del total, lo que nos indica que las mujeres tienen una menor participación en las actividades económicas, a las cuales siguen teniendo un acceso limitado, y por otro lado, evidencia que los trabajos que las mujeres realizan no son contabilizados en las estadísticas, en tanto no son consideradas como actividades económicas.

VIOLENCIA

Según información del Estado de los Derechos de la  Niñez 2001, el PANI atendió en el 2000 17316 niños, niñas y adolescentes, de las cuales el 9% (1564 casos) presentaban diferentes manifestaciones de violencia física, emocional o sexual.

Además señala que el 31%  de la población total de niños, niñas y adolescentes atendida por el PANI fue atendida  por evidencias de maltrato físico, emocional y sexual.


Tipo de violencia

Cantidad

Abuso por omisión

5071

Abuso emocional

1699

Abuso físico

1732

Abuso sexual intrafamiliar

690

Abuso sexual extrafamiliar

250

Abuso de sustancias

166

Explotación sexual

115

Explotación laboral

50

Violencia intrafamiliar

1924

Fuente: Estado de los Derechos de la Niñez 2000

Es evidente las situaciones de maltrato a las que están expuestas las personas menores de edad, por su condición etárea y aún a pesar de que no contamos con datos de violencia ejercida contra niños, niñas y adolescentes desagregada por sexo, la condición de vulnerabilidad es mayor en el caso de las niñas y mujeres adolescentes,  por su condición de género.

HOSTIGAMIENTO SEXUAL

Sobre este tipo de violencia no encontramos estadísticas actualizadas, sin embargo se cuenta con los resultados de la investigación “Hostigamiento Sexual en Población Adolescente Escolarizada en Costa Rica” realizada por el Instituto de Investigaciones Psicológicas y el Centro Mujer y Familia (1997).

Este estudio se realizó con una muestra de 1489 estudiantes hombres y mujeres, cubriendo un total de 50 colegios en todas las regiones del país, con edades entre 11 y 26 años.

Los resultados del estudio con respecto a la gravedad y frecuencia del problema señalan:

Un 76.2% personas entrevistadas consideran que problema es grave o muy grave, solo 23% leve.

El 62.4% rechazó la afirmación de que el acoso sexual es poco común en nuestro país y el 58.4% se mostró en desacuerdo con que el acoso sexual ocurre muy pocas veces en el país.

Solo un 33.2% estuvo de acuerdo con la afirmación de que es difícil que entre los estudiantes se presenten situaciones de acoso sexual.

El 88.9% de las personas entrevistadas consideran que las situaciones de hostigamiento sexual le puede ocurrir a cualquiera

El 75.6% estuvo en desacuerdo con que se trata de “simples bromas o coqueteos” y un 74% rechazó la afirmación de que hoy día el acoso sexual es más un problema inventado por algunos que una realidad.

El 10.6% de los y las estudiantes entrevistadas refiere conocer a alguien que haya puesto una denuncia por acoso sexual.

 

Situación

Se les ha presentado al menos una vez

Cartas indeseadas de tipo sexual

13.6%

Llamadas molestas de tipo sexual

33.5%

Comentarios ofensivos de tipo sexual

49.1%

Ofrecimientos de mejorar notas a cambio de conductas no deseadas

6.4%

Dibujos o fotografías sexuales molestas

51.6%

Que les hayan tocado partes íntimas de su cuerpo sin su consentimiento

32.0%

Piropos, silbidos sonidos molestos

64.0%

Miradas sugestivas, mal intencionadas

58.6%

Amenazas para aceptar conductas sexuales indeseadas

7.7%


Estos resultados evidencian la existencia de situaciones de hostigamiento sexual, con una incidencia mayor en las mujeres que en los hombres, lo que indica que el hostigamiento sexual se presenta mayormente en las mujeres que en los hombres, debido a que en estas situaciones median relaciones de poder. En el caso de las mujeres adolescentes, estas relaciones de poder se agudizan por su situación de género y condición etarea.

 

QUEHACER DEL INAMU

A través del Área Construcción de Identidades y Proyectos de Vida, el INAMU pretende incidir socioculturalmente en la construcción de identidades que puedan ser revisadas y replanteadas desde la infancia, promoviendo los derechos de las niñas y las adolescentes con un enfoque de género que les brinde a ellas y a las personas adultas a su alrededor, de recursos conceptuales e ideológicos necesarios para que las niñas y adolescentes crezcan en espacios más integrales y seguros,  para que puedan soñar y desarrollar sus habilidades y destrezas enfrentando exitosamente las barreras que la ideología patriarcal les presente.

Dicha tarea es ardua y compleja, por lo que el equipo técnico de dicha Área ha venido sembrando sus esfuerzos en los siguientes ejes operativos:

EQUIDAD E IGUALDAD PARA NIÑAS

Este eje tiene como propósito educar para el cambio sociocultural a favor de la igualdad de oportunidades y derechos de las niñas. “Educar para el cambio” compromete dos dimensiones:

  1. El cambio de visiones, concepciones, actitudes... (el cambio en las personas)
  2. El cambio en las políticas y acciones institucionales (el cambio en las instituciones y sus políticas, programas, normativas, asignación de recursos).

Comprende la producción y difusión de conocimiento especializado, la realización de investigaciones que pueden desembocar en documentos técnicos y materiales didácticos, la gestión institucional estratégica, así como la promoción y movilización social.

Algunas líneas temáticas que queremos desarrollar son: exclusión educativa (permanencia y reinserción), educación sexista reproductora de roles tradicionales (lenguaje, textos, relaciones, prácticas), educación y formación en áreas técnicas, científicas y tecnológicas, violencia sexual y maltrato físico, trabajo infantil (énfasis en trabajo doméstico de niñas), embarazo y maternidad temprana, educación sexual, salud y nutrición, recreación, formación, organización y participación ciudadana.

Algunos de los productos elaborados correspondientes a dicho eje son:

Página Web Infantil

Desde el Área, se pensó abrir “una ventana” en la página WEB del INAMU adaptada a la edad y nivel de maduración de las niñas, a través de la cual fuera posible acercarnos a las niñas de manera dinámica, amigable y utilizando la tecnología disponible y el acceso a la comunicación vía internet, para compartir con ellas valores que las lleven a celebrar la igualdad y la equidad de las mujeres

Las características que tiene la Página WEB Infantil del INAMU son:

Está adaptada para niñas en edades comprendidas entre los 9 y los 12 años.

Utiliza un lenguaje inclusivo, acorde a la edad y grado de maduración de las niñas.

El diseño gráfico contempla la perspectiva género sensitiva, con elementos que incluyen la diversidad de niñas, desde el punto de vista étnico, social, cultural, económico, entre otras.

Es una versión amigable, accesible y cálida.

Para accesar a esta página WEB, se deberá teclear la siguiente dirección: http://www.inamu.go.cr/infantil/index.swf

Promoviendo la Igualdad de Oportunidades para las niñas

Apostando al espacio educativo como segundo ámbito de socialización, se publicó el documento “Promoviendo la Igualdad de Oportunidades y la Equidad de Género para las Niñas en Edad Escolar”, con el fin de apoyar al equipo docente en la reflexión sobre el currículum oculto y la necesidad de abrir espacios para la vida en igualdad entre niñas y niños. Dicho documento parte de 3 enfoques: derechos, generacional y género, brindando elementos para el análisis de tres dimensiones escolares fundamentales: las interacciones escolares, el lenguaje y la distribución del espacio en la escuela.

Con el mismo objetivo de aportar a los procesos educativos formales, se elaboran los cuadernillos de trabajo: “Aprendo, juego y celebro fechas importantes de mi país. Cuadernillo de trabajo para niñas y niños”, “Aprendo, juego y celebro fechas importantes de mi país. Cuadernillo para maestras y maestros”, con el fin de acompañar y sugerir ideas para trabajar fechas de conmemoración nacional desde la perspectiva de género, resaltando la participación de las mujeres en cada acontecimiento histórico.

Asimismo se elaboró y puso en escena la obra de teatro infantil “Flo la duendecilla valiente” (video), que busca cuestionar los roles y estereotipos tradicionales que limitan el desarrollo de niñas y niños y fomentar una visión desde un enfoque de igualdad y equidad para el desarrollo de sus capacidades y destrezas físicas, intelectuales, sociales y afectivas. Posteriormente, se publica el libro de cuentos para colorear “Cuadernillo Flo la duendecilla valiente”.

La mayoría de los materiales que se han elaborado han sido de carácter propositivo, sin embargo, también se elaboró un afiche de denuncia sobre la discriminación contra las niñas para el avance de sus derechos y sus metas, titulado: “Usted qué piensa ¿llegará a la meta?”.

Contrarrestando la denuncia del afiche mencionado anteriormente, otra de las líneas de trabajo para la promoción de la igualdad de oportunidades para las niñas, consiste ampliar sus horizontes hacia proyectos de vida ocupacionales y profesionales no tradicionales y competitivos, especialmente en ámbitos como la ciencia y la tecnología. En este sentido, se han elaborado los afiches: “Usted puede hacer la diferencia...” y “¿Quién dijo que no era cosa de niñas?”, así como un libro para colorear “Pinto y aprendo de diferentes profesiones", el cual fue elaborado en coordinación con la Universidad de Costa Rica Sede del Atlántico.

Erradicación del abuso sexual y embarazo infantil

En el 2004, se realizó la investigación “Embarazo en niñas menores de12 años como una manifestación de violencia sexual: Marco jurídico de protección, denuncia, sanción y atención”, que pretendía describir y analizar el marco legal vigente con relación al embarazo en niñas menores de 12 años como una manifestación de violencia sexual.

Posteriormente se realizó un Informe Analítico sobre Embarazo en la Niñez, a través del cual se investigó sobre las acciones que desarrollan las instituciones estatales con respecto a la atención de las niñas embarazadas y la prevención de denuncia de la violencia sexual de acuerdo a las responsabilidades asignadas por la legislación vigente.

A partir de este trabajo, se han elaborado materiales para la Erradicación del Embarazo Infantil y el Abuso Sexual contra las niñas menores de 12 años, los cuales a apuntan hacia:

La necesidad de insistir en la visibilización del embarazo en niñas como una manifestación de violencia sexual.

Impulsar espacios de discusión y análisis del embarazo en niñas, sus necesidades y las responsabilidades institucionales en cuanto a la protección de las niñas.

Divulgar la existencia de legislación que protege a las niñas embarazadas.

Concientizar a las personas responsables del cuido del as niñas sobre sus responsabilidades en el ámbito de protección de situaciones de violencia.

Los materiales elaborados fueron:

Afiche “Todas las niñas embarazadas fueron violadas”

Afiche “Son niñas... no madres”;

Afiche y desplegable: “Protejamos a las niñas”

Banner y camisetas “Protejamos a las niñas”

Afiche “AQUÍ protegemos a las niñas contra la violencia sexual”.

Calcamonía “Yo protejo a las niñas de la violencia sexual, y UD?”

Aprendo a cuidarme. Cuaderno para la prevención del abuso sexual contra niñas y niños en edad escolar” (cuaderno de trabajo para niñas y niños).

ADOLESCENCIA Y JUVENTUD

Promoviendo la igualdad y la equidad en espacios educativos

En el tema de adolescencia y juventud, el INAMU también ha apostado por la promoción de una cultura de igualdad y equidad entre hombres y mujeres. En este sentido, desde el 2008, se han venido realizando capacitaciones de sensibilización y capacitación dirigidas a docentes de primaria y secundaria, integrantes de equipos de orientación y PROMECUM en centros educativos como COVAO Diurno, COVAO Nocturno, Colegio Bilingüe Figueres, Colegio Samuel Sáenz, Colegio Napoleón Quesada, Liceo Rodrigo Facio, Escuela de Santa Marta, Escuela San Francisco, Liceo de Calle Fallas, CTP Jicaral y Liceo de Curridabat.

A través de esta acción, el personal docente cuenta con un proceso que les sensibiliza y les brinda herramientas para el trabajo con los y las estudiantes. Es por esta razón, junto a otros materiales educativos elaborados, el INAMU reformula y reimprime un material de gran valor para acompañar la comprensión y acompañamiento de las personas adolescentes en dos temáticas fundamentales: Identidad y Sexualidad. Estos materiales se titulan: “¿Quién soy? ¿Quiénes somos? ¿Quiénes son? Acercándonos a la identidad de género de las y los adolescentes y jóvenes”, “Sexualidad en adolescencia: mirándolas y mirándolos desde otro lugar

Asimismo, en el 2008 se elaboró el módulo “Mujeres adolescentes y mujeres jóvenes, educando para la igualdad y la equidad de género”, a través del cual se brindan herramientas teóricas y metodológicas a profesionales que desarrollan procesos de capacitación y empoderamiento personal a esta población. El mismo aborda temas como: Principios orientadores de la propuesta, La educación de los sentimientos, Adultocentrismo, La Adolescencia, Ser mujer adolescente, Sexualidad, Maternidad en la adolescencia, Violencia, Proyectos de Vida. Paralelamente al trabajo grupal, se que cada adolescente participante en el proceso trabaje de manera individual con el cuaderno “¡Luces, cámaras, acción! Diario para adolescentes, construyendo el guión de mi vida”.

Proyecto de prevención de la violencia de género en el sector educativo

El proyecto de Prevención de la Violencia de Género en el sector educativo se desarrolló en el Liceo Samuel Saenz de Heredia, y contempló dos fases: la primera fase (2007) consistió en un diagnóstico con estudiantes y docentes, bajo el método investigación-acción, sobre pautas de relacionamiento entre personas adolescentes y en la segunda fase (2008) se realizó una propuesta de trabajo de prevención de la violencia de género, elaborada y ejecutada por las y los adolescentes, la cual derivó en la revista ¡Hoy en Día! y en tres desplegables de apoyo docente: ¿Quiénes son las y los Adolescentes?, Acompañemos a las personas adolescentes, y Hostigamiento Sexual.

 

Bibliografía

Centro Nacional para el Desarrollo de la Mujer y la Familia. ¿Quién soy?, ¿quiénes somos?, ¿quiénes son?: acercándonos a la identidad de género de las y los adolescentes y jóvenes. San José, Costa Rica, 1998

Centro Nacional para el Desarrollo de la Mujer y la Familia. Sexualidad en la adolescencia: mirándolas y mirándolos desde otro lugar. San José, Costa Rica, 1998.

Fundación PROCAL. Acción propositiva y transformadora. San José. Costa Rica. 2003

Mosley, Mercedes. Entre mujeres caminando por toda una vida. INFORBOOK´S, España, s/a.

ALFORJA. Ciudadanas haciendo cuentas. Medición del I.C.C en Costa Rica. 1995-2002. San José, Costa Rica.

Programa Estado de la Nación. Estado de la Nación : 2002, 2003, 2004, 2005. Costa Rica.

Instituto Nacional de las Mujeres. Una mirada a la situación de las mujeres. San José, Costa Rica, 2004.

www.inec.go.cr Estadísticas Instituto Nacional de Estadística y Censos: 2002, 2003, 2004, 2005. Costa Rica.

www.inamu.go.cr Indicadores de género Instituto Nacional de las Mujeres, Costa Rica.

www.poder-judicial.go.cr Estadísticas Poder Judicial: denuncias, Costa Rica.

http://ccp.ucr.ac.cr Centro Centroámericano de Población, Universidad de Costa Rica.