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"Noche en vela" PDF Imprimir

Rima de Vallbona

Novela "Noche en vela" (extracto)

?Felipe no sospechaba siquiera que hacía mucho yo venía necesitando desesperadamente de Dios, del Dios cristiano. Me estaba sintiendo como niño perdido en busca de la mano que sin titubeos, siempre sabe llevar a lo largo de los caminos. Pensaba que creyendo en Dios y sabiendo que El me conducía, yo me aliviaría del oneroso paso de ser responsable de mi existencia. Quería ser el peón laborioso que hace su faena sin muchos tanteos, porque sabe que su Capataz es responsable por él.Quería poner en sus manos todo y resignarme, pero en lo profundo de mi alma, ahí donde a veces temo mirar, me sigo rebelando porque la rebeldía es la carne de mi ser.

Necesito de Dios. Pero Dios no sé por qué se me hace algo que al mismo tiempo sustenta mi ser y se me escabulle sutilmente. Me deja siempre el mismo desaliento del mar: sensación de grandeza, vida, densidad; pero cuando en las aguas undosas ahueco las manos para recoger un poco de ese líquido denso, salen chorreando con la sola impresión de lo deleznable que escapa sin dejarse atrapar?

?Mis muñecas están arrinconadas en el armario, esperando en vano que juegue con ellas; pero no sé, María, hace mucho no me interesan las muñecas. No tengo ganas de nada María. Es como si de pronto una mano invisible hubiese arrancado de cuajo todo mi interior y lo hubiese rellenado de otra manera, de una manera triste, sombría, árida de ensueños. ¿Sabes lo único que quiero?. Llorar, llorar hasta que se me seque el alma de sentimientos.Yo me iría bajo los naranjos y regaría cada tarde sus raíces y aún sobrarían lágrimas para regar más naranjos. Me fastidian los juegos y las muñecas y los libros de cuentos. Siento añoranza de algo inexplicable que está ahí cerca, pero no lo puedo ver ni alcanzar. Siento anhelos extraños. Nunca me había pasado... ¿Qué me sucede, María? ¿Es la muerte de nuestra madre la que me ha traído esto? ¿Es la soledad? ¿Es algo más grave que eso?. Tú me lo podrías explicar quizás....

?La vida se me iba haciendo imposible poco a poco.Yo me sentía sumamente agitada por aquellos días.Trataba de encontrar la paz del espíritu en los libros, pero estos me llenaban de hastío. Tampoco quería jugar. Las muñecas y los juguetes estaban abandonados.Vivía entonces con el alma atosigada de pensamientos e inquietudes.Una nube nefasta de formas y colores indecisos me tenía estrujado el corazón; éste me dolía de veras. Miraba al cielo con lágrimas en los ojos y me sentía sola, infinitamente sola, con una soledad de siglos pesados; hacía esfuerzos por verme de nuevo en compañía de los otros, de mi padre, de Ofelia, de María, de Eduardo, pero como si los hubiesen borrado, yo seguía sola, con un miedo raro mordiéndome el corazón. Era una soledad extraña, en la que no sentía ni la presencia de mi misma; era como si me hubiesen diluido en el universo y yo hubiera quedado ahí en la casa con mi nombre, mi traje y mi cuerpo, pero nada más.

Los libros se me caían en el regazo abiertos en cualquier página y yo me quedaba de pronto dolorosamente vacía. La costura se me olvidaba en la falda y yo no estaba ahí más, sentada en mi escabel.Trataba de aspirar el perfume de las flores intensamente para sentirlo en mi olfato, y hacerlo mío, pero se disolvía en la atmósfera y yo me diluía con él. Corría desaforada para sentir el palpitar violento de mi corazón agitado, pero entonces resonaba lejano y ajeno y yo volvía a sentirme vacía. ¿Hay algo más cruel y doloroso en el mundo que sentirse vacía de si misma, verse diluida en el ambiente como si se fuera nada?

?.Al mismo tiempo que me había estado sintiendo vacía de mi misma, empecé a sentirme siendo nada.Tuve esa sensación por primera vez en el jardín, al atardecer. Me paseaba bajo los naranjos y de pronto, como si el mundo, los objetos, las casas, el cielo y yo no, no existiéramos.El alma, ¿dónde esta el alma?.Yo no la sentía, se me había ido con mi presencia, con mi olfato, con mis sensaciones.Fue una experiencia indescriptible, marga, que quitaba encanto a mi vida. En verdad que no hay nada comparable en este mundo a la sensación horrible de no ser nada.

Podía ser el calor o podían ser también esas extrañas sensaciones mías las que transmitían una indolencia inaudita a todo mi cuerpo. Pasaba las horas echada en la cama, mirando fijamente a la ventana, al ensamblado del cielo raso, a la puerta, al tocador, a la silla, al suelo, y nunca sentía deseos de moverme. Decía que iba a dormir la siesta; pero no, pasaba las horas así, con la cabeza atropellada por los ensueños, los temores también, que una fiebre extraña, subida del corazón, iba tejiéndose precipitadamente. Me dolía a menudo la cabeza. Me dolía la vida con intensidad?

 

Vallbona, Rima de. Noche en vela. 3 ed. San José: Editorial Costa Rica, 1999.

 
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